Como sabéis, todos los años apostamos por seguir manteniendo y cuidando nuestra querida compañía Improvisierra Teatro y por ofreceros nuestros talleres de improvisación teatral para todas las edades. Así que hoy nos gustaría hablaros de por qué creemos que la impro es importante para la felicidad:

La improvisación nos enseña a crear algo ‘in situ’, sin haberlo preparado (muchas veces sin haberlo siquiera previsto) y según unas circunstancias que nos vienen dadas. Una situación que se da con frecuencia en la vida. Así, la improvisación nos prepara para resolver problemas inesperados, y para adaptarnos con más facilidad a los cambios vitales (una capacidad que se conoce como resiliencia).

Los psicólogos nos dicen que para ser felices es necesario dejar sitio en nuestros planes para la espontaneidad, un concepto que Wayne Dyer, conocido como el escritor de la automotivación, define en su best-seller Las zonas erróneas del siguiente modo:

“Ser capaz de ensayar cualquier cosa de repente, tomando la decisión de hacerlo en un momento, simplemente porque es algo que te gusta y de lo que puedes disfrutar. Puedes incluso descubrir que no disfrutaste haciéndolo pero sí disfrutaste con el hecho de probarlo. Es muy probable que te ataquen diciendo que eres un irresponsable y un imprudente, pero, ¿qué importa la opinión de los demás si lo estás pasando maravillosamente bien descubriendo lo desconocido?”.

Ese momento en que lo estás pasando ‘maravillosamente bien’ es lo que el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi acuñó como el estado de flujo; cuando toda nuestra atención y energía psíquica se concentra en planes que hemos elegido y que sentimos que vale la pena realizar. Csíkszentmihályi habla del trabajo y de los objetivos vitales, pero este estado se puede conseguir en cada momento de la vida. ¿Cómo? Viviendo en el presente, e improvisando según lo que la vida nos vaya dando. ‘Fluyendo’ con ella.

La improvisación en las artes escénicas

Más allá del actor que se queda en blanco y tiene que inventar algo para salir del paso, la improvisación es un género teatral que está cobrando cada vez más fuerza en los escenarios. Comenzó en Estados Unidos en los años 40, aunque sus orígenes se remontan a la Comedia del Arte. En un espectáculo de ‘impro’, los actores y el público van creando la historia juntos, unos con su interpretación y otros con sugerencias sobre personajes, situaciones, etc. No hay escenografía ni vestuario. Nada pone límites a la imaginación.

¿Significa eso que no necesita preparación? En absoluto. De hecho, la técnica de la improvisación requiere un entrenamiento específico, ya que el actor tiene que ser a la vez dramaturgo y director de sí mismo. Las clases de improvisación desarrollan la escucha, la atención, la imaginación y la aceptación de las propuestas de los otros. Pero lo que es mejor, estas enseñanzas son útiles también para la vida: te servirán a la hora de tomar decisiones, a mejorar tu confianza en ti mismo y en tu equipo y a reaccionar ante lo inesperado de una manera creativa. Cualidades que nos ayudarán a fluir y ser más espontáneos. En definitiva, a ser más felices.