La gente está hecha de historias. 

Nuestros recuerdos no son la acumulación imparcial de cada uno de los segundos que hemos vivido; son la narrativa que hemos ensamblado a partir de momentos escogidos.

 

Y es por eso que, aun cuando hayamos experimentado los mismos acontecimientos que otros individuos, nunca construimos narrativas idénticas: los criterios empleados para seleccionar momentos son distintos para cada cual, y un reflejo de nuestras personalidades. Cada cual se fija en detalles que captan nuestra atención y recuerda qué fue importante para nosotros, y las narrativas que construimos, a su vez, conforman nuestras personalidades.