Las etapas de la vida y especialmente adolescencia son épocas de cambios, dudas y descubrimientos. El cerebro se transforma, las emociones se intensifican y aparecen nuevas preguntas sobre quiénes somos y qué lugar ocupamos en el mundo. En medio de todo este proceso, la autoestima juega un papel fundamental.
La autoestima es la forma en la que nos vemos, nos valoramos y nos tratamos a nosotros mismos. Durante la adolescencia puede cambiar mucho, influida por las amistades, la familia, las redes sociales y la necesidad de sentir que pertenecemos a un grupo.
A veces olvidamos lo que supone vivir esta peculiar etapa. Lo que para un adulto puede parecer un problema más pequeño, para un adolescente puede ser algo enorme. Por eso, escuchar sin juzgar, comprender sus emociones y respetar sus preocupaciones es una de las mejores maneras de acompañarles.
Tener una buena autoestima no significa creerse mejor que los demás, sino aprender a reconocer nuestro propio valor, aceptar nuestras imperfecciones y entender que no necesitamos gustar a todo el mundo para sentirnos suficientes.
Como decimos en una de las charlas-lemas del día durante los campamentos: «Aprende a estar bien contigo mismo, no te rayes buscando validación ajena»
Las palabras y los gestos cotidianos también son muy importantes y dejan mucha huella. Reconocer los esfuerzos, valorar las cualidades que van más allá del aspecto físico y permitirles tomar decisiones ayuda a los adolescentes a confiar en sí mismos. También es importante darles autonomía y enseñarles que equivocarse forma parte del aprendizaje.
Acompañar no significa resolver todos sus problemas, sino estar cerca, escuchar sin ridiculizar sus sentimientos y ofrecerles la seguridad de que pueden equivocarse sin dejar de ser queridos. Darles espacio para descubrir sus intereses y capacidades también les ayuda a crecer con confianza.
La autoestima se construye poco a poco, a través de las experiencias, los vínculos y la manera en que aprendemos a hablarnos a nosotros mismos. Por eso, debemos fomentar relaciones basadas en el respeto, la empatía y los buenos tratos, tanto hacia los demás como hacia uno mismo.
Educar también es acompañar en ese descubrimiento. Ayudarles a descubrir quiénes son, qué les hace únicos y/o diferentes y qué pueden aportar al mundo.
Porque crecer consiste en aprender a aceptarse, cuidarse y avanzar generando confianza, incluso cuando todavía no tenemos todas las respuestas, como casi siempre pasa en la vida.
Texto adaptado por el Equipo de LSE a partir del artículo «Aumentar la autoestima en adolescentes», de Serendipia Psicología.

