La semana pasada much@s amanecíamos desconcertados. Un desconcierto que viene fraguándose a través de la observación de los diferentes acontecimientos que se están dando en el panorama social y político a estas alturas.

Yo tengo mi personal y sesgada teoría. Esta teoría solo está basada en mi experiencia y observación limitada por mi breve paso por la vida.

No soy el más adecuado para hablar de política pues no es una de mis áreas de especialización, ni siquiera me interesa especialmente.

No pretendo convencer a nadie y adelanto de antemano que mi criterio como humano semi-ruralizado que vive en la sierra de Madrid entre tambores, niñ@s, jaras y perros, es parcial.

Sí me interesa. como ser social y como padre, encontrar vías para la convivencia pacífica y respetuosa, donde poder educar.

Fantaseo con la existencia de un marco de armonía donde tod@s podamos criar a nuestros hij@s y donde ellos y nosotr@s podamos desarrollarnos integralmente. Fantaseo en que lleguemos a ser adultos equilibrados, responsables y lo más felices posibles dentro de la ya de por sí intensa experiencia humana.

En muchos colegios, en un intento de enriquecer un sistema educativo obsoleto están poniendo en práctica programas de resolución de conflictos.

¿En alguno de estos programas se habla de defender nuestra postura a ultranza? ¿O por el contrario se estimula el diálogo y a comprender a las otras partes?

Cuando descalificamos las creencias de alguien estamos amenazando su identidad, todo lo que conoce. Así es lógico que se den reacciones de ataque, justificadas por el intento de supervivencia de lo que creen ser.

Aunque siempre duele presenciar la hipocresía y la mentira me pregunto ¿hasta qué punto es consciente y una opción elegida? ¿O hasta qué punto es fuente de la ignorancia y la inconsciencia?

A un niño que descubrimos mintiéndonos una vez más ¿será más educativo pegarle y humillarle por mentir o será mejor explicarle por enésima vez las consecuencias y volver a depositar nuestra confianza en que la próxima vez lo hará con mayor responsabilidad?

¿Qué efectos a largo plazo producirá una u otra alternativa?

Me han surgido estas y otras muchas preguntas…

¿Hacer más de lo mismo nos puede llevar a un resultado diferente?

Resuena en mi mente la frase de Albert Einstein “ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”.

¿La empatía pasa por comprender el modelo de pensamiento del otro? ¿o basta con que el otro acepte el mío?

Cansado, tras tanto reflexionar, he decidido darme un paseo por un bosque cercano a mi casa. Había pinos, había encinas, robles, fresnos, incluso algunos enebros. Entre medias crecían jaras, y entre las jaras, romero, tomillo y escaramujo. A lo lejos he visto chopos y olmos. Volviendo, un madroño.

No he visto a ninguno de ellos preocupado porque el de al lado no creciera.

Se limitaban a crecer ellos mismos.