Un abuelo fuerte

En La Sierra Educa consideramos que la educación y la formación no se limitan a las aulas, sino que pueden encontrarse en cualquier lugar, incluyendo la naturaleza.

Es por ello que ofrecemos lecturas y reflexiones que invitan a pensar y a valorar el medio ambiente, la cultura y las tradiciones. Creemos que estas reflexiones pueden inspirar a las personas a tomar decisiones m√°s conscientes y responsables en su vida diaria, lo que contribuye a un mundo m√°s sostenible y justo.

Lectura:

Esperando con la bici a que mi amigo llegase, vi que cruzaba la carretera de Galapagar un hombre sin camiseta y con bastón, el cual no apoyaba. Su piel tostada y su porte firme llamaron mi atención. Aburrido por la espera, me quedé observando cómo pasaba con ritmo decidido e ímpetu al caminar, desapareciendo enseguida por el camino hacia El Campillo.

Pasados unos minutos lleg√≥ mi amigo y prestos nos metimos en vereda; pasando entre fincas de vacas, viandantes y otros ciclistas, con La Sierra de Guadarrama de fondo. Llegados a la Casa de las Cig√ľe√Īas, paramos a observar tan entra√Īable paraje. √ćbamos a reemprender la marcha, cuando hizo aparici√≥n de nuevo el protagonista de esta historia.

– ¬ŅYa est√° aqu√≠…? – pens√© sorprendido, parec√≠a dif√≠cil que ya nos hubiese alcanzado.

Saludó simple y llanamente;

– Buenas tardes. A lo que nosotros mec√°nicamente respondimos los mismo.

Entre sorprendido y curioso, me quedé observándole… E hizo algo curioso; llegó hasta la valla de la finca, la tocó, oteó el paisaje, respiró un par de veces de manera reflexiva y dio la vuelta deshaciendo el camino por el que había venido.

Yo, amigo de interactuar con lugares y personas, espontáneamente, le interpelé:

– ¬°Lleva usted buen ritmo!

El hombre, con cierto efecto teatral, se qued√≥ parado, esper√≥ unos instantes y con la calma y seguridad que supongo que dan los a√Īos, dio la vuelta acerc√°ndose a nosotros y apunt√°ndonos con el bast√≥n nos pregunt√≥:

– ¬ŅCu√°ntos a√Īos crees que tengo?

La originalidad del momento nos sacó una sonrisa, con cierta perplejidad contesté:

– No s√©‚Ķ. ¬ŅSetenta?

Henchido de orgullo dijo: РOchenta y cuatro, y aquí sigo, dando guerra.

No s√© muy bien como enganchamos conversaci√≥n, pero fue entra√Īable e inspirador. Hab√≠a algo en √©l m√°gico, que atra√≠a, un talante en los gestos que, ayudados por el bast√≥n; hipnotizaban. Una energ√≠a segura y serena que te hac√≠a querer seguir escuchando.

РYo de esto y de esto, sé poco. Explicaba mientras hacía gestos de beber y fumar.

– Siempre he sido m√°s de buen deporte‚Ķ. Y de mente sana que es la que trae buenas ideas. Antes esto era m√°s duro, ¬Ņsab√©is? Desde los 14 a√Īos he sido charcutero. Llevo toda la vida tratando con gentes y hoy en d√≠a a los cuarenta parece que tienen el doble, y es que hay demasiada mala vida… As√≠ como los buenos h√°bitos se premian, los excesos, por supuesto, se pagan.

Continuaba, como si le hubiésemos dado cuerda:

– Sigo yendo por la carnicer√≠a y las madres all√≠ me cuentan unas cosas que en mi √©poca yo no s√©…. Unas tonter√≠as; el botell√≥n ese, todos los fines de semana, por sistema‚Ķ Pero, ¬Ņesto qu√© es?… Hay que cuidarse ¬°hombre! que luego vienen mal dadas, ¬°y van a venir! Sino a uno enseguida le flaquea todo y te derrumbas a la m√≠nima. En mi generaci√≥n, hasta los 50 o 60, o incluso m√°s, aguant√°bamos bien. Luego ya uno se hace viejo, claro, y la cosa va cambiando. Pero vamos, que cuerda hay para rato en la vida.

– Mira, ¬Ņves esto de aqu√≠? Nos dijo se√Īalando una cicatriz que le cruzaba media pierna por el eje vertical.

– Cincuenta grapas, rotura de (no s√© qu√©…). A los pocos d√≠as ya estaba queriendo salir a caminar de nuevo. Los m√©dicos me dec√≠an: tiene usted la carne muy dura… y yo les respond√≠a: ¬°Eh! que soy viejo pero fuerte. ¬ŅCu√°ndo me dan el alta?

РA mí el sofá me ha gustado, pero con moderación. Continuaba:

– Hay que salir, hay que hacer… ¬°Hay que vivir!

Est√°bamos encantados con el encuentro, el se√Īor no paraba de soltar perlas, era digno de ver: gafas con una peque√Īa rotura en el cristal, pelo hacia atr√°s a la antigua‚Ķ Todo en √©l desprend√≠a simpleza y autenticidad.

De manera natural la conversaci√≥n se fue acabando y nos despedimos. Antes de empezar a pedalear de nuevo, le grit√©, por √ļltimo:

– ¬°Intentaremos llegar a los ochenta como usted!

Levantando el bastón, ya caminando y sin darse la vuelta, exclamó:

Р¡Pues ánimo y ya sabéis! Una de esas anécdotas/lecciones/ejemplos que a veces te deja la vida. La cual nos hizo reflexionar sobre si los jóvenes y los no tan jóvenes de estas otras generaciones llegaremos a desarrollar carismas y fortalezas parecidas a las de nuestros abuelos/as. Curtidos en un siglo movido donde los haya habido; sobreviviendo a una guerra civil, una posguerra, una dictadura y a una convulsa apertura democrática.

Mucha atención tendremos que poner en esto de experimentar y aprender de la vida.

¬ŅTe ha gustado esta inspiradora reflexi√≥n? D√©janos tus pensamientos:

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