El nuevo: historia de un chico diferente

Lectura:

Hoy ha llegado al colegio un niño nuevo y se ha sentado a mi lado. No sé su nombre. Sus ojos son como de miedo y sorpresa. La profesora se ha puesto a dictar problemas de matemáticas y apenas le he vuelto a hacer caso.

Cuando ha sonado la campana del recreo, hemos salido todos en estampida, todos, menos el chaval este nuevo, que creo que se llama Antonio. Jugando al futbol, me he olvidado de su existencia, pero al final le he visto sentado a los pies de un árbol, tranquilamente, terminándose su bocadillo. Hemos vuelto a clase, y todavía no he cruzado palabra con él.

Le observo, pero no sé qué decirle…

¿Se quedará a comer en el colegio?, creo que le voy a decir que tiene que darse prisa para ponerse a la cola del comedor, sino te quedas sin lo mejor, el postre rico, que últimamente sustituyen por manzanas cuando se acaba… (aquí pondría un emoticono de cara de asco, pero no puedo hacerlo en una redacción para clase de lengua).

Todos rápido hemos llegado al comedor, he mirado hacia atrás y no he visto al nuevo, ¡bueno que más da! a lo mejor no se queda en el comedor, pero luego al rato, le he visto entrando tarde y he pensado: ¡que más da! tampoco es mi problema, ya espabilará…

En los días que Antonio lleva en nuestra clase, he observado que no se relaciona mucho, no participa activamente en clase, no juega con nosotros, no se mete en jaleos… Llega al comedor cuando todos estamos sentados; se pone a la cola, ya por entonces inexistente, y le sirven en su bandeja lo que hay (o lo que queda) y siempre parece como feliz. No lo entiendo. Tengo que saber qué piensa, qué le gusta, a qué dedica su tiempo libre… Es un chaval de lo más peculiar.

No encuentro el momento para hablarle. Solo me he dirigido a él para pedirle un par de veces la goma o una hoja de papel. Todo me lo deja con una sonrisa.

Hoy es el día, estoy bastante rayado, me he peleado con un niño de 6º en el recreo; una tontería, siempre es lo mismo. Hoy no jugaré más al fútbol, he decidido que voy a hablarme con Antonio.

Cuando toca la sirena para ir al comedor, veo que Antonio recoge todas sus cosas lentamente, las mete con cuidado en su mochila, la cual siempre está perfectamente colocada al lado de su mesa. Coloca su silla. Miro hacia alrededor y veo que el resto de pupitres están bastante descolocados. Salimos tan rápido a comer… Él no. Él coloca todo bien y se encamina tranquilamente hacia el baño. ¡Qué diferente!

Pienso, ¿Qué pensará que estoy haciendo? Anda con lentitud, parece que no tiene hambre ni prisa. Mis tripas rugen. Hace minutos que debería estar en la cola del comedor…

Antonio, el nuevo, llega por fin a coger su bandeja, y yo detrás. Solo quedan en la fila un par de niños que han sido castigados. Me coloco detrás suyo. Quiero hablarle, pero no sé cómo empezar. Presiento que me quedaré sin postre, pero me da igual, estoy decidido a hablarle.

– Hola Antonio – le digo. Él mira hacia atrás y solo con cómo me mira y sonríe, comprendo que he hecho bien, y que voy a ser su amigo.

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