Texto adaptado del original de Sergio Calleja.

No tengo que ser yo el que te diga que el confinamiento continúa y que parece que va para largo, ya lo sabes y ya lo sufres. Cuando se tiene la vida en los labios, cuando se tienen tantas ganas de volar, cuando se estrena la libertad cada día y cuando se desean vivir experiencias cada noche, estar encerrado en casa no es fácil.  Solo puedo darte la enhorabuena por lo que estás llevando a cabo y soportando, y decirte que los estás haciendo bien, muy bien.

Has intentado entender el mensaje repetido de que no estamos de vacaciones y que las clases continuaban con normalidad, es verdad, pero que no te engañen, esto no es normal.

Es un tiempo privilegiado para aprender, no precisamente tanto matemáticas, física, literatura o latín, sino para aprender grandes lecciones importantes que, tal vez, pasan desapercibidas en las clases presenciales por el agobio del “temario oficial”. Es un tiempo privilegiado para educar la paciencia, esa que tanto cuesta; admirar la solidaridad del ser humano, mucha gente está sacando lo mejor de sí misma; entender la verdadera libertad; vivir con menos cosas; pensar mucho, entender lo importante que es la reflexión inteligente; poner en valor la utilidad de las redes sociales como herramienta de relación y aprendizaje… (seguro que tú puedes continuar esta lista de aprendizajes). Todo esto me parece la mejor orientación académico-profesional que puedes recibir.

Al final ha tenido que ser un virus y no un filósofo, como yo pensaba, quien nos remueva la conciencia y nos enseñe mucho de la vida, su significado más profundo y su verdadera esencia. Cuando salgamos de nuestras casas, que hoy son más que nunca nuestras «cavernas», esperemos que sea otra la realidad que nos encontremos, más verdadera, más humana, más viva. Intentemos salir de esta siendo mejores, sabiendo más sobre el bien, la belleza y la verdad.

Un abrazo. Habrá primavera.